Estos cirujanos plásticos dejaron cicatrices imborrables en muchas mujeres

El Espectador publica un reportaje gráfico en el que mujeres no solo las muestran, sino mencionan a los cirujanos que se las provocaron.

 
El Espectador.

En el preámbulo de los testimonios, el periódico dice que hay cirujanos que obtuvieron sus credenciales para hacer estos procedimientos en cursos que duraron entre 6 meses y 2 años en Brasil u obtuvieron títulos dudosos en universidades de Perú y Argentina.

Francisco Sales Puccini operó a Lorena Beltrán (de 21 años), Liliana Fragoso (38 años) y Sandra Rengifo (32 años).

“Ahora tengo una cicatriz atroz, es traumático tener que maquillarme primero los senos que la cara”: Lorena Beltrán.

“Me dijo que me iba a colocar prótesis Refinex, que son americanas y que duraban para toda la vida… Con mi esposo decidimos consultar a un cirujano reconstructivo. Cuando él me vio dijo que no había ninguna prótesis de por vida y que las mejores duran máximo 10 años. Le mostré el certificado de las mías y me dijo que no las conocía, que eran chinas, que aguantaban apenas tres años y eran las más baratas del mercado”, Liliana Fragoso.

“Después hice algo de lo que me arrepiento toda la vida y fue recomendarle a mi jefe para que se hiciera una reducción de senos con Sales Puccini. A Esperanza, mi jefe, la operó dos veces y a ella le fue muy mal porque finalmente se los tuvieron que amputar”: Sandra Rengifo.

Carlos Ramos Corena operó a Cristina Trejos (44 años).

“Cuando me miré la vagina, me la había mutilado toda, no me dejó labios inferiores ni exteriores y con esto vivo hace 7 años. La cavidad vaginal se cerró, la uretra me la movió y me la puso contra la pierna izquierda, para orinar tenía que manipularme los labios todos los días porque el hueco estaba aprisionado”, dijo Trejos.

Ramiro Alberto Pestana operó a Diana Paola Cordero (35 años).

“Si pudiera retroceder el tiempo, no me operaría. Tengo un hueco en la barriga, en la parte de arriba no siento nada y a veces me meto puyitas para ver si despierta. Sacando cuentas, mi hermana se gastó como $80 millones. Me paran en la calle y me dicen: ‘Tú eres la muchacha del hueco’. Y como tengo huecos en todas partes, en la boca y en la barriga, ya le saco el chiste porque hemos llorado mucho”, dice.

Edison Osorio operó a María Alejandra González (21 años).

“A los 2 meses y medio consiguieron un especialista de Canadá para tratar el dolor. Ya en la Clínica Las Américas vieron que tenía una bacteria que había viajado a la columna. El reumatólogo me dijo que el cuerpo no tenía esa bacteria y cree que la adquirí con las prótesis o por el quirófano. Mientras que Osorio me dijo que ya la tenía. Ahora tengo la espalda con morro raro, un seno me quedó más grande que el otro y una cicatriz me quedó como las de corazón abierto”, dice.

Rodolfo Chaparro (Estético) y Juan Camilo Arango (plástico) operaron a Ana Margarita Giraldo (32 años).

“Hoy, tengo una deformidad en los senos y no sé si pueda lactar porque me afectó el pezón. No me puedo poner un vestido de baño normal por las cicatrices, ni me siento cómoda con mi cuerpo. Pasé los primeros tres años en depresión. Todavía me representa un montón de gastos y saber que este fue mi regalo para el cumpleaños número 27”, dice.

Rodolfo Gómez y Lucero Camelo operaron a Marie Kearse (53 años).

“Mis daños, si miro atrás, son muchos: un trauma porque hablo muy mal español y me tuve que quedar acá por cerca de un mes, perdí tiempo de trabajo porque no me recuperaba, cuando me veo a un espejo me siento fea, las cicatrices son muy grandes, cuando deberían ser sutiles, me es muy difícil estar con un hombre, no tengo sensibilidad en la barriga, me duelen los senos en ciertas posiciones. Para mí lo que él hizo fue juntar pedazos de carne”, dice.

Fabián Enrique Blanchar operó a Adriana Guerrero (54 años).

“El día de la operación llegó borracho, con un tufo horrible, pero yo no me alarmé porque había tomado varios calmantes. Me había citado a las 9 a.m. y llegó a las 11 a.m., y cuando terminó la cirugía me dijo que me había quitado 12 kilos de grasa y tejidos. A partir del noveno día duré cinco días llena de líquido. Los dolores en el abdomen empeoraban con los días y la grasa no salía. Lo llamé varias veces y no apareció. Después, volvió a llegar borracho a la segunda consulta”, dice.

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