“Colombia no encuentra paz porque sufre de un amontonamiento de guerras”

Lo dice Antonio Caballero en Semana a propósito de la espiral de violencia y sangre que azota las regiones apartadas del país y que golpea, principalmente, a líderes sociales, defensores comunitarios y desmovilizados de las Farc.

Esto, para explicar que, a pesar de haber firmado la paz con la guerrilla más antigua del continente, el país sigue en guerra.

“Porque no era una guerra entre dos fuerzas frontalmente enfrentadas, como en las clásicas guerras civiles (y por eso han podido asegurar los negacionistas que aquí no ha habido conflicto), sino una suma, un amontonamiento de varias guerras sociales y políticas, locales y regionales y también de alcance internacional, con la intervención de participantes extranjeros. Pues era una manifestación local de la Guerra Fría: y ahí entraban los intereses de las dos grandes potencias, Estados Unidos y la Unión Soviética, más el ejemplo de la China y el de Vietnam y sobre todo el de Cuba, por muchos años dedicada a exportar su revolución”, apuntó el columnista.

La marca criminal de la Farc es la que impide que haga política

María Isabel Rueda, en su columna de este domingo en El Tiempo, plantea que con relación al innecesario, según ella, proselitismo de la Farc en pueblos y ciudades de Colombia, hay que defender, sobre todas las formas, el abucheo como una manifestación democrática, pero sin caer en la violencia verbal que ha sido, desde la época de las primeras violencias, el camino más fácil hacia la confrontación y la guerra.

“¿Se puede abuchear a ‘Timochenko’? Categóricamente, sí. Es parte del lenguaje político. Así como el de echar vivas, el del abucheo es un derecho democrático”, sostiene la periodista

Antes de eso, Rueda afirmaba lo siguiente:

“Yo sí quiero elevar mi voz para decir que las arengas pueden llegar a ser un juego peligroso y explosivo utilizado como táctica del momento electoral que se vive. Pueden conducir a problemas de orden público muy complicados. Ante todo, debemos rechazar ya, de manera radical, cualquier manifestación de estas contra la Farc en las que se utilice un mínimo de violencia, que debe ser controlada de inmediato por la Fuerza Pública. Por los policías que hoy los protegen, que son los mismos a los que antes emboscaban y asesinaban”.

¿Quién es responsable de la resurrección sangrienta del Eln?

El columnista de El Tiempo Mauricio Vargas tiene algo claro y es que:

“La culpa de la sangre derramada es del Eln, pero la responsabilidad de que ese grupo haya revivido es del Gobierno”.

El periodista considera que los 100 días pactados de tregua entre esa guerrilla y el gobierno de Juan Manuel Santos se devolvieron encendidos de terror contra la sociedad colombiana como respuesta a una tesis que ha sido acogida por ‘elenólogos’ que consideran que el Eln nunca ha estado dispuesto a negociar la paz porque está bien donde está y porque además está dividida entre los mandos medios y altos.

“Hacerle concesiones a un grupo terrorista que no está convencido de avanzar en la negociación es el mejor camino para disparar la violencia. Para buena parte de los comandantes del Eln, el momento no es propicio para pactar un acuerdo definitivo de desmovilización, sino para aprovecharse de los afanes de Santos en sacar algún resultado y obtener por esa vía el margen de maniobra político y militar para resucitar como, en efecto, esa organización guerrillera parece haber resucitado en estos meses”.

Hoy los colombianos son más agresivos que antes de que se firmara la paz

Ramiro Bejarano afirma en su columna de este domingo en El Espectador que existen líderes de opinión en el país que azuzan a los colombianos hacia un estado de odio permanente que busca réditos políticos, como el del plebiscito por la paz, y que los colombianos incautos caen en un juego peligroso y regresivo.

Bejarano los nombra:

“Álvaro Uribe y su títere Iván Duque; el diletante, lagarto, camaleón y corrupto de Angelino Garzón; la alianza perversa de Viviane Morales o Alejandro Ordóñez con los cristianos; y los voceros de la Iglesia católica, que al igual que en los temidos tiempos de las dictaduras conservadoras de Laureano y Ospina Pérez, han convertido los púlpitos en trincheras partidistas de la ultraderecha”.

Los caminos de la barbarie siempre conducen al expresidente Álvaro Uribe

Y esa barbarie, según el columnista de El Espectador Yohir Akerman, la representan inefablemente los homicidios selectivos de líderes sociales, abogados, denunciantes y campesinos que como los de Ituango, fueron masacrados por comandos paramilitares ante la intransigencia de la Fuerza Pública y el favorecimiento de hombres cercanos al gobierno, particularmente a la Gobernación de Antioquia cuando el expresidente Uribe manejaba los hilos políticos del departamento.

“Había como un acuerdo tácito o como un ostensible comportamiento omisivo, hábilmente urdido entre el comandante de la IV Brigada, el doctor Álvaro Uribe Vélez, el doctor Pedro Juan Moreno y Carlos Castaño. Todo el poder de los grupos de autodefensa se ha consolidado por el apoyo que ese grupo ha tenido con personas vinculadas al gobierno”.