Así lo aseguró en una supuesta nota autocrítica, publicada en El Tiempo, pero en la vuelve a pegarles ‘palo’, sin mencionarlos, por la forma en que consiguen el rating.

Luego de reconocer que solo ve el error y nos los esfuerzos y las buenas intenciones, Rincón vuelve a atacar, con un falso empaque de reconocimiento del pecado: “Yo, como crítico, siempre alabo los experimentos y me enervo con ese ‘dar gusto’ a la gente y ‘pordebajiar’ los modos de lo popular, y parece que el televidente vive de eso: lo grotesco, gritón, ramplón, chistosín, morbosín. Y también saborea la sangre y el semen. Me arrepiento de no comprender que carroña humana y chiste racista-clasista-machista-homofóbico es igual a ‘rating’”.

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En el reconocimiento de sus pecados, como no ver TV pública, regional o comunitaria (relativamente veniales), Rincón sí comete un pecado mortal, por el que vale la pena clavarlo para que no resucite al tercer día: creer que las series –aunque no precisa, esas que pasan por Netflix, HBO y otras plataformas- no son importantes para los colombianos. Un pecado equivalente a decir que la televisión por suscripción no le ha quitado audiencia a la televisión abierta, la de RCN y Caracol.