Agujas que matan: adictos a la heroína aumentan y el plan de Colombia es reducir los daños

Así lo indica un informe de 2014 sobre sustancias psicoactivas, en donde el consumo de heroína viene tomando fuerza.

 
AFP

Silvia tiene 30 años y lleva la mitad de su vida entregada a la heroína. Vive en Cali, la ciudad colombiana que registra el mayor consumo de esta droga y donde los adictos se inician a más temprana edad.

“He llegado a tardarme hasta seis horas tratando de encontrarme una vena. Es muy duro cuando tengo el cólico, el desespero no me deja ni mover las piernas, mucho menos hablar”, dice a la AFP en un mísero cuarto en el barrio Sucre de Cali, mientras mueve una aguja en su brazo intentando meter la droga en su torrente sanguíneo.

Colombia, primer productor mundial de hoja de coca, también cultiva desde hace décadas la amapola, fuente de la heroína. Y en Cali es fácil conseguirla porque crece a pocos kilómetros.

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Así lo explica Julián Quintero, coordinador de la Corporación Acción Técnica Social (ATS), una ONG que busca mitigar los riesgos que conlleva el consumo.

“Medellín hizo el último estudio en 2014 y el aumento fue del 30%. Imagínate Cali, tan cerca del Cauca, (la zona) de donde traen la mayor cantidad de heroína en el país”.

Gran disponibilidad, bajos precios y alta pureza han contribuido a disparar el número de heroinómanos en esta ciudad, según este experto.

Por eso, desde principios de enero Cali, como primero Pereira y luego Bogotá, apuesta a la reducción del daño, entregando a los adictos kits higiénicos gratuitos para disminuir el contagio de enfermedades por compartir jeringas.

“Estamos atendiendo a 90 personas diarias, se entregan entre 500 y 800 kits semanalmente”, explica Alexander Durán, secretario de Salud de Cali. Cada adicto recibe una jeringa, una banda elástica, un filtro, un quemador, agua, una toallita de alcohol y una curita.

Silvia es una de las beneficiarias del programa, operado por ATS con apoyo de la internacional Open Society Foundations, fundada por el magnate George Soros.

“No fomentamos el consumo de heroína, prevenimos la transmisión de VIH, la hepatitis y también la sobredosis”, afirma Quintero.

En Bogotá, el gramo de heroína vale 40.000 pesos (unos 12 dólares), en Cali, menos de 20.000 pesos (unos 5,8 dólares) y la calidad es más alta.

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