4 opiniones sobre la renuencia de Colombia a comparecer a la Corte de la Haya

Son reacción a la noticia de la semana: Colombia que no comparecerá más a la Corte de la Haya para resolver su conflicto con Nicaragua.

 
EFE

Que se revelen actas de la Comisión Asesora de Relaciones Exteriores y el nefasto papel de Julio Londoño Paredes

Así lo exige Ramiro Bejarano, columnista de El Espectador, en donde destaca el laborioso trabajo durante una veintena de años del representante nicaragüense ante la Corte de la Haya, mientras Colombia feriaba el cargo de embajador allí.

Bejarano, que hace una defensa de la integridad territorial Colombiana, atribuye a la tesis del ‘efecto medio’ el resultado adverso ante la Corte en el año 2012, que le costó 75.000 millas de mar territorial y remite a una columna anterior en la que lo explica:

“Todo indica que por canales informales, antes de que se profiriera el trágico fallo que nos privó de una inmensa porción marina, personas cercanas a la Corte de La Haya pidieron a asesores del Gobierno que identificaran una posibilidad de cómo podría ser la sentencia, y que tal consulta la habría atendido Londoño Paredes. Cosas insólitas que pasan en tribunales extranjeros que jamás uno pensaría que podrían ocurrir, pues eso aquí no es pensable ni siquiera en una inspección de Policía. Mis fuentes me aseguran que el excanciller Londoño, sin consultar al Gobierno ni a nadie, les habría propuesto una especie de borrador de fallo que terminó siendo muy parecido a la fatídica sentencia”, dice.

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Entenderse con Nicaragua es la única salida que nos queda: Editorial de El Tiempo

A esa conclusión llega el diario capitalino después de asegurar que con la decisión de Colombia de no compadecer ante la Corte de la Haya le facilitaremos más las cosas a ese país con un trámite más expedito, pues el estatuto de la Corte afirma que “cuando una de las partes no comparezca ante la Corte, o se abstenga de defender su caso, la otra parte podrá pedir a la Corte que decida a su favor”.

“Caer en la trampa de las declaraciones agresivas o altisonantes en contra de las Naciones Unidas o Nicaragua puede generar puntos entre la galería, pero ocasionaría nuevas complicaciones. En lo que atañe a la nación centroamericana, es bueno tener en claro que, tarde o temprano, deberemos sentarnos a solucionar nuestro diferendo en el ámbito bilateral. La defensa de los intereses del país requiere una actitud firme, pero mesurada”, dice.

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Una pataleta peligrosísima para nosotros: Rafael Nieto Loaiza, en El Colombiano

Así la describe el columnista, luego de enumerar los presuntos errores de la defensa de Colombia, entre los que destaca la falta de seriedad, puesta en evidencia por la alta rotación de funcionarios, abogados y embajadores, no siempre con las mejores calificaciones ni con el tiempo suficiente. También asegura que el caso ha estado sujeto a decisiones políticas y no jurídicas.

“No comparecer nos deja en el peor de los escenarios: la Corte Internacional de Justicia (CIJ) ya asumió competencia y va a fallar el fondo de ambos casos. Si no nos defendemos, solo podrá usar los argumentos de Nicaragua y tomar decisiones contrarias a Colombia. Además, a juzgar por las votaciones con empate y ajustadas entre los jueces de la CIJ, es posible prever que con una buena defensa algunos de los que votaron en contra ahora podrían ser convencidos por los argumentos de fondo de Colombia. Hoy no se ha perdido nada sustantivo, nada que no se hubiera perdido ya con el fallo del 2012. Si no nos defendemos, podremos perder parte adicional de nuestra plataforma continental. De todas las decisiones, la peor para nuestros intereses es no comparecer”.

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La encrucijada va más allá de perder más territorio: María Isabel Rueda, columnista de El Tiempo

Así lo asegura luego de hacer un recuento de lo que pasó en la Corte Internacional de Justicia, y en la que destaca que la defensa de Colombia estuvo en manos de los 2 juristas más ocupados de Colombia: Carlos Gustavo Arrieta, un administrativista que “atiende prácticamente todos los casos del Gobierno”; y Manuel José Cepeda, quien estuvo en la redacción del acuerdo de justicia transicional con las Farc.

La encrucijada tiene que ver con la ambigüedad de Colombia ante los organismos de la ONU, uno de los cuales es la Corte Internacional de Justicia.

“La Corte de La Haya es un órgano judicial de la ONU, y al tiempo que anunciamos que no volveremos a comparecer ante aquella, le estamos pidiendo al Consejo de Seguridad de la misma ONU que nos verifique la tregua bilateral con las Farc. ¿Cómo reconocerle autoridad en unas cosas y en otras no?”, dice.

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