Padre de reportera del ‘Times’ secuestrado por Farc no alcanzó a ver la paz

Autora narra los 8 meses de su papá en el monte, que murió 2 meses antes de ver la firma del acuerdo, pero su corazón ya había perdonado.

 
Annie Correal
Getty

Annie Correal es periodista de The New York Times y dice que cuando supo que la paz en Colombia se había firmado, la primera persona en quien pensó para contarle fue su papá, pero de inmediato, en milésimas de segundo, se acordó de que Jaime Correal Martinz ya no está en este mundo.

El secuestro se presentó en 1999, año en el cual las ‘pescas milagrosas’ o retenes que las Farc montaban en las carreteras de Colombia para secuestrar personas de la sociedad civil era ‘pan de cada día’.

Durante ocho meses Correal estuvo secuestrado y en ese tiempo ‘durmió’ en 38 sitios diferentes en las selvas colombianas, dice su hija.

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Annie recuerda que una vez la guerrilla lo hizo caminar durante 11 días seguidos porque tenían al ejército muy cerca. Una de las anécdotas de dicha caminata que el padre le contó 10 años después del secuestro fue el de una pareja de esposos que también estaba secuestrada por las Farc.

Correal le contó que se trataba de la familia Angulo y que, durante la caminata, a la señora Angulo se le hincharon los pies al punto que no le cabían en las botas de caucho, por lo que tuvo que caminar despacio, descalza, con su esposo como bastón y un guerrillero como escolta: “Mi padre llegó al campamento y tiempo después llegó el guerrillero solo, sin los Angulo. Los habían matado, pues iban muy despacio”, relata el artículo.

Incluso, cuenta Annie, los hijos de los Angulo ya habían pagado el rescate. Tiempo después pudieron encontrar los restos de sus padres en el monte.

La liberación de Jaime Correal se dio un día en que el ejército comenzó a lanzar granadas y a disparar con ametralladora (¿o fusil?). Jaime estaba en una caleta y esperó hasta que se acalló el ruido de las balas, cuando una persona encapuchada le dijo: “salga, tranquilo, es un hombre libre”.

La encapuchada era una joven guerrillera que se había infiltrado en la guerrilla para salvar a su hermanito de 13 años que había sido reclutado a la fuerza por el grupo y de quien Correal no supo qué le pasó, como tampoco a su hermanito, que había hecho las veces de carcelero durante su cautiverio.

Después de la liberación, junto a otras cuatro personas, Correal y su esposa (Annie ya vivía en EE. UU. para ese entonces) se fueron a vivir a Panamá, luego de perder su negocio debido al cautiverio de Jaime.

Cuando se firmó la paz, Samantha (esposa de Jaime y madrastra de Annie) le dijo a la reportera que su esposo siempre había querido que se firmara la paz con las Farc, incluso poco después del secuestro, lo cual fue un acto de perdón dentro de su corazón, aunque jamás de olvido, pues esa experiencia lo acompañó hasta el día de su muerte en junio de este año.

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