¿Entraría desnudo a un restaurante? 46.000 personas lo quieren hacer

Terminó la expectativa y el restaurante Bunyadi, en Londres, abrió sus puertas; la diferencia es que puede sentarse a comer sin ropa.

 
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Para los colombianos debe ser muy difícil pagar el equivalente a casi 500.000 pesos por persona para sentarse a comer ‘en cueros’, en un butaco de tronco y mesas del mismo material, en tiestos de barro, estilo asadero de chigüiro, y a comer matas y cosas no derivadas de productos animales.

Puede que el anterior punto de vista sea el de muchos colombianos no vegetarianos ni veganos (que no comen huevos, leche ni derivados de animales), pero para los británicos y la gente de otros lugares del mundo puede ser muy exótico sentarse un poco incómodos, no solo por poner las nalgas ‘peladas’ sobre un duro tronco de madera, sino por estar sin un trapo encima.

Sin embargo, al parecer uno se acostumbra rápido a estar desnudo en frente de extraños, a juzgar por la crónica de un reportero de CNN, quien tuvo la oportunidad de probar el nuevo restaurante londinense que, como se mencionó en el título, tiene una lista de espera de casi 50.000 personas.

El concepto del restaurante Bunyadi, dice CNN, es tener una experiencia culinaria ‘al natural’, tanto en el código de vestuario como en el tipo de comida, además de que se come a la luz de las velas, en pequeñas mesas rodeadas por biombos de bambú.

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Pero hay una regla para la parte del restaurante en la que se come desnudo: nada de celulares ni mucho menos, fotos.

Según el periodista de CNN, quien fue invitado con otros 24 comunicadores a vivir la experiencia, el proceso es el siguiente: uno llega al restaurante, vestido; pasa a un vestier donde le suministran una bata y chancletas; y luego lo sientan en un bar mientras espera a que le arreglen la mesa.

La orden de pasar a comer la da una camarera sin brasier; una vez llegan al cubículo rodeado de bambú, que da cierto carácter de privacidad, es hora de quitarse la bata y sentarse, aunque los más timoratos pueden dejársela puesta.

Sin embargo, la idea es que todos se empeloten, pues si lo hacen las meseras y el dueño, ¿usted por qué no? Es como estar en una playa nudista pero vestido: el raro es uno.

El reportero cierra su historia con comentarios como que “uno se acostumbra a hacer contacto visual con la mesera desnuda mientras le habla de comida”. Eso sí, fue tan buena la cena, que cuando menos pensó, el periodista estaba en la mesa comiendo solo y desnudo; ahí fue cuando dijo: “tiempo de vestirse”.

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