Un 'skinhead' en filas de las Farc

'Simón Nariño' tiene la cabeza rapada, patillas anchas y tatuajes. En las calles podría identificársele como miembro de esta cultura.

 
El 'skinhead' de las Farc
AFP

Pero hace una década es miembro de las Farc, guerrilla que tras 52 años de guerra firmó la paz con el gobierno de Colombia.

En ambos codos tiene tatuadas telarañas, en la muñeca una golondrina con dos fusiles y en el antebrazo un laurel con la palabra “Oi!”, grito de combate callejero y nombre del género musical de los cabezas rapadas. Notas que cambió hace diez años por el himno de las marxistas Farc.

Me gusta la imagen clásica de un ‘skinhead’: las botas, la cabeza rapada. Yo procuro aquí mantenerme igual, sin olvidar el hecho que yo soy primero que todo guerrillero”,

dijo este hombre de cara pecosa en El Diamante, paraje del sur de Colombia donde la semana pasada los insurgentes refrendaron el acuerdo de paz con el gobierno de Juan Manuel Santos.

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Nacido hace 31 años en Kennedy, barriada obrera de Bogotá, de adolescente perteneció a movimientos estudiantiles que lo embarcaron en el comunismo. Dividía su tiempo entre la militancia y el fútbol.

Soñaba con ser jugador profesional pero la ilusión fue truncada por el Guillain-Barré, síndrome que ataca el sistema nervioso y que lo dejó dos años sin caminar. Se curó a los 16 y, a la par, surgió su afección por la lucha revolucionaria. “Pasa uno a quitarse una venda de que no todo es como parece”, afirmó.

En el colegio conoció la música ska, el punk y el oi. Le llamaron la atención las reivindicaciones sociales de los “skinheads” y empezó a considerarse un “redskinhead” o cabeza rapada comunista.

Según “Nariño”, este movimiento urbano, usualmente vinculado con ideologías de extrema derecha, nació hacia 1960 en Inglaterra por herencia de inmigrantes jamaiquinos negros. Desde el principio fue “antirracista y obrero”, sostuvo.

Una paliza cambió su vida 

La contraposición entre racistas y antirracistas ha generado que en todo el mundo se den choques entre las dos facciones de “skinheads”. Precisamente, dos meses antes de enlistarse en las Farc fue “golpeado brutalmente” por una banda neonazi en Bogotá.

“Fue un factor determinante” para unirse a la guerrilla, alzada en armas contra el Estado tras una sublevación campesina en 1964. “Pensé que si tengo una convicción de querer unirme a la lucha armada no iba a exponer mi vida peleando en la calle”, aseguró.

En 2006, cerca de cumplir 21 años y tras mucho pensarlo, se unió a las Farc por considerar que recogía los principios de los cabezas rapadas.

Entró al frente Antonio Nariño, que operaba en el centro del país. Allí coincidió con otro “redskinhead”, que falleció en un operativo militar en 2009.

Tras esa ofensiva huyó a Bogotá enfermo de un riñón, pero el Ejército le seguía los pasos y fue encarcelado señalado de rebelión, terrorismo, extorsión y homicidio. Por falta de evidencias, aseguró, un juez lo condenó solo por rebelión a tres años y medio de prisión.

Al pagar su pena, estuvo casi cuatro años haciendo “trabajos políticos” en Bogotá y posteriormente se unió a la guardia del comandante Carlos Antonio Lozada, uno de los representantes guerrilleros que negoció desde 2012 la paz en La Habana.

“Me han formado mucho” 

Desde que ingresó a la guerrilla cambió el estilo de vestir. Las camisetas con logotipos de bandas musicales, botas militares, tirantes o camisas de cuadros dieron paso al uniforme verde olivo. }

En las Farc halló guerrilleros punks, rastas y hardcore. “Se respeta (a todos) porque se acogen a una disciplina”, dijo.

“Posiblemente” no estaría vivo si hubiera seguido peleando en Bogotá, aseguró. “Considero que aquí me formaron mucho, porque en la calle mi actitud era, y no estoy renegando del ‘skinhead’, mucho menos racional”.

Tras la firma el lunes del acuerdo de paz entre Santos y el jefe máximo de las Farc, Rodrigo Londoño, que deberá ser refrendado por los colombianos en un plebiscito este domingo, “Nariño” quiere “fortalecer” la organización política que surgirá de los acuerdos y alejar a los jóvenes de la violencia callejera.

“Sueño con una Colombia en paz, sin pobreza y sin esas brechas tan tenaces que hay”, dijo.

Con AFP.

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