Nací en una comunidad que no me permitía plantearme muchos objetivos en la vida. Soy de Ciudad de Dios”

Esto fue los que dijo a la prensa esta mujer de 24 años acerca de la favela en la que creció, la misma en la que se basó la reconocida película que también tiene por nombre de la Ciudad de Dios.

“Esto es más que una  medalla, esto es el triunfo de la gente pobre. Es una esperanza para todos ellos”, añadió Silva, quien se convirtió en la primera deportista que gana una medalla y que es proveniente de una favela.

El judo, el deporte que su padre le metió por los ojos a regañadientes para sacarla de las calles, donde las drogas y las armas se disfrazaban como juguetes, la coronó como su nueva reina en los 57 kg en los Juegos Olímpicos de Rio-2016, un sueño que no truncó ni las balas ni las noches con hambre.

“Dios sabe cuánto he sufrido y lo que he hecho para llegar aquí”. Podría ser una perfecta declaración para festejar el primer oro de Brasil en la cita carioca. No lo es. Es la frase que se tatuó en portugués en el bíceps derecho para no olvidar su origen.

“¡Dedico esta medalla a todo el pueblo brasileño!”, se le escuchó decir cuando el llanto no le permitía a las palabras aparecer.

La brasileña ya había ganado el título mundial en 2013, convirtiéndose en la primera de su nacionalidad en hacerlo. Pero llevaba tres años sin grandes triunfos en el plano internacional.

Con AFP.