"Espíritu olímpico es entrenar duro, no caerse y ganar la carrera"

¿Recuerda a las corredoras que se cayeron en los 5.000 m. y que se ayudaron a cruzar la meta? A columnista, historia le pareció empalagosa.

 
Atletas
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Para el Comité Olímpico Internacional (COI), destacar los momentos de solidaridad, juego limpio y espíritu deportivo es clave para seguir promoviendo los Juegos Olímpicos como el megaevento más importante del planeta… pero no todos piensan igual.

El columnista de Slate, Justin Peters, dice que está “comenzando a odiar los momentos en los que los atletas se ayudan mutuamente a cruzar la línea de meta”, en clara referencia a lo que sucedió el martes 15 de agosto durante los 5.000 metros planos entre las deportistas Abbey D’Agostino, de EE. UU., y Nikki Hamblin, de Nueva Zelanda.

La estadounidense tropezó con el bordillo de la pista y rodó por el suelo, y en su accidente hizo caer a Hamblin, que venía detrás. Hamblin le dio la mano a D’Agostino, la ayudó a levantarse (pese al dolor de la estadounidense) y la alentó para que llegaran juntas a la meta, en último y penúltimo lugar.

Al ver el singular gesto deportivo, la organización del evento decidió clasificarlas para la final.

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Pero ese no es el caso. Lo que dice el autor de la nota es que está bien que sucedan esas cosas, pues al fin y al cabo ese debe ser el espíritu de la competencia, pero lo que no está bien es sobredimensionarlo y empaquetarlo con el rótulo de “momento olímpico”, ni darle un despliegue mayor del que merece.

“Ese momento entre Hamblin y D’Agostino’s lo van a comercializar. Este pequeño, genuino y espontáneo gesto será utilizado para vender el producto de los Olímpicos, un mamut multimillonario que nos vende la idea de que los juegos tienen que ver con un grupo de personas que se junta bajo el espíritu de la buena voluntad y el sentido del compañerismo”, dice el columnista.

Para Peters, un gesto verdaderamente extraordinario hubiera sido si quien lideraba la prueba en ese momento, Almaz Ayana, se hubiera devuelto a ayudarles; o si las atletas caídas hubieran remontado y ganado la prueba; o si las infortunadas corredoras hubieran sido de Palestina e Israel, respectivamente.

El autor critica la forma en que varios medios se refirieron al caso. Estas son algunas frases que él destaca:

“Lo que las atletas hicieron va más allá del músculo y la habilidad. Se requiere de una de las mejores características de un ser humano: la compasión”, escribe la agencia UPI.

“Extrañas a la salida, las atletas resultaron vinculadas por la eternidad debido a las circunstancias, las acciones y la benevolencia”, dijo el Washington Post.

En un artículo de USA Today, Peters lo critica por poner un video de las dos muchachas que se autodespliega, va acompañado por música de piano y dice: “Un gesto extraordinario para calentar los corazones de la audiencia mundial y que habla de la grandeza de la competencia deportiva más importante del planeta”.

“Esto nos recuerda al atleta que en los Olímpicos de Barcelona se rompió un músculo pero que estaba decidido a terminar la carrera, y cuyo padre bajó de las graderías y le ayudó a incorporarse mientras la multitud los ovacionaba”, cita NBC.

Y Peters agrega: “El espíritu Olímpico es un concepto nebuloso que puede significar cualquier cosa según el que lo invoca. ¿Por qué un atleta que se cae encarna dicho concepto más que aquel deportista que entrena duro, no se cae y gana la carrera?

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