¿Se cree adicto al sexo? Este actor se acostó con 7.500 mujeres

Rocco Siffredi, también conocido como ‘Míster 23 centímetros’, siguió con su insaciable apetito incluso después del retiro profesional.

 
Rocco Siffredi
EFE

Distintos medios y agencias difundieron la exhibición del documental ‘Rocco’, en el que, supuestamente, Rocco Siffredi se “confiesa”, según EFE, y se “sincera”, de acuerdo con El País, de España.

Sin embargo, en el fondo, pareciera que la pieza cinematográfica y sus ‘revelaciones’ son uno de los últimos recursos que le quedan al famoso actor italiano para sacar provecho de lo que le dio fama y riqueza durante muchos años, su pene, ahora en un contexto en el que es evidente la crisis de la industria del cine porno por los alcances de Internet.

De hecho, y eso lo destaca José Luis Losa, en La voz de Galicia, “la película arranca con una secuencia de sometimiento oral a una actriz que apunta hacia el rol de machismo e insensibilidad que rodea este mundo [el de la pornografía], y a Siffredi en particular”.

“Pero luego nos quieren vender al Rocco emocional, el que llora a su ‘mamma’. El que quiere cortarse la coleta en un papel de semental sometido a manos de Kelly Stafford [actriz británica retirada tras su maternidad y que defiende ante la cámara que, si se dedicó al porno, fue sencillamente porque quiso], algo así como la Ginger Rogers de este Fred Astaire de la falocracia”.

“Ya entenderán que la profundidad intelectual de Siffredi no da para grandes revelaciones —continúa Losa—. Pero la manera amable en que se trata al ‘mattatore’ del porno me suena a cine trucho, complaciente. Me despierta antipatía”.

Para Losa, el “polémico” documental es un “lavado de cara” de Rocco Siffredi: “No tengo claro que un personaje público como […] Siffredi esté necesitado de un lavado de cara. Los dos directores franceses del filme-selfie Rocco [Thierry Damaiziere y Alban Teurlain], del cual el italiano es absoluto protagonista, sí deben de pensarlo”.

De la reseña de El País sobre la película se puede inferir una respuesta al planteamiento de Losa, pues el diario afirma que “los cineastas confían en que Rocco tenga más mercado que el actual cine pornográfico”, y añade esta declaración del actor: “Internet lo ha destruido al 100% [al cine porno]. Ahora cualquiera se graba con el móvil y lo sube gratis. Los nuevos ricos del sector no son los productores sino quien sabe usar la Red”.

Sobre el documental

La cinta, dirigida por los franceses Thierry Damaiziere y Alban Teurlain, no compite en el certamen, sino que se expone como un —esperado y aplaudido— “evento especial” en la sección Jornadas de los Autores.

Consiste en un relato crudo, sin tapujos o escenas censuradas, que intercala una serie de entrevistas con el actor con imágenes de su día a día a través de las cuales se desvelan las bambalinas de la multimillonaria industria de la pornografía.

La forma descarnada y vulgar con que, al parecer, se expresa el actor, a El País le parece franca, pues asegura que su “sinceridad” obliga a ese medio a hacer una aclaración: “El intérprete explica cada detalle sexual con términos explícitos. Así que sus citas aparecen aquí reconvertidas a un lenguaje más publicable”.

El autor recuerda sus primeras experiencias sexuales, cuando sintió “un irrefrenable impulso en la entrepierna” a los 8 años, y, sobre todo, repasa los acontecimientos que han marcado su vida: la muerte de su hermano Claudio y la relación con su madre.

Al rememorar esta última, Rocco hace una confesión que ni siquiera su mujer conoce: el día del funeral de su madre volvió a sentir ese impulso sexual al abrazar a una mujer de 80 años amiga de su madre que lloraba tras su fallecimiento. En ese momento, narra, se bajó los pantalones y la anciana le practicó una felación.

“He querido explorar la sexualidad a 360 grados y, por eso, he mantenido sexo con chicas de 18 años y con mujeres de 70 u 80”, confiesa Siffredi, que acumula a sus espaldas decenas de títulos desde que comenzara su carrera en la década de 1980.

La cinta también ahonda en el plano familiar, tratando su relación con sus hijos, que aseguran con cierta timidez que no sienten vergüenza por el trabajo de su padre, sino que más bien están orgullosos de ello.

También se adentra en la relación que mantiene con su esposa, la húngara nacionalizada italiana Rozsa Tassi, que afirma que no siente celos: “Rocco conmigo hace el amor. Con las demás practica sexo”.

El actor elogia a su esposa, “una mujer pura” que le ha dado una familia, lo que, revela, estaba convencido que no tendría, y en segundo lugar porque, asevera, “ha comprendido que sin porno no puedo vivir”. “No consigo disfrutar de una vida tranquila sin el sexo”, zanja.

El documental también aborda el ámbito profesional, exhibiendo de manera descarnada los entresijos de la industria pornográfica, las horas de preparación de los actores y actrices antes de una sesión de sexo duro o los trucos a los que recurren antes de desnudarse frente a la cámara.

Es el propio Siffredi quien pone a prueba a las actrices que pasan por su estudio, haciéndoles todo tipo de preguntas sobre sus preferencias sexuales.

Pero quizá uno de los aspectos más interesantes del documental es el retrato que hace de la mujer. En este sentido se perfilan dos tipos de mujeres: las que se adaptan a las exigencias del guion y son incapaces de argumentar su participación en este mundo y las que defienden con vehemencia su “trabajo”, aportando incluso una visión feminista.

El primer tipo de mujer queda ilustrado con dos jóvenes procedentes de la agencia del estadounidense Mark Spiegler que aceptan sin dilación repetir una secuencia porque, aducen, “somos chicas Spiegler: hacemos siempre lo que nos piden”.

La grabación incluye imágenes del propio Spiegler, que celebra ante Rocco y su primo el buen estado del sector, con ganancias “récord” en los últimos años.

Por contra, la encargada de lanzar el alegado feminista es la actriz Kelly Stafford: “Soy una mujer fuerte. La sumisión no es humillante, ¿por qué debería avergonzarme si soy yo la que gozo?”, destaca la actriz, para después defender su “trabajo” y señalar que haber practicado felaciones a 200 hombres en una playa fue como “un día de oficina”.

El documental concluye con la grabación de una delirante película con la que Rocco promete retirarse del porno y en la que es crucificado por Stafford. Se trata de una metáfora de su “cruz”, su instinto sexual y su carrera que, declara, “no ha sido fácil”.

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