Ese hecho les dio más naturalidad, evidente en candidatos como Iván Duque, a quien en el primer debate -el de Teleantioquia y Semana-  se le observó un tanto libreteado y su discurso incluso se antojó ‘memorizado’.

Eso cambió para el segundo debate (el de Telecaribe y El Heraldo en la Universidad del Norte), pues cada uno tuvo la oportunidad de sostener un micrófono inalámbrico y moverse con libertad. Sin embargo, hubo diferencias.

Para observarlo, tomamos como punto de partida este video (en inglés) del debate de campaña entre Hillary Clinton y el hoy presidente de EE. UU. Donald Trump. Vale la pena diferenciar el uso que cada candidato le dio a ese espacio.

En el caso del debate en Colombia, en comparación con el de Clinton y Trump en el de CNN, hay que tener en cuenta que los espacios no son los mismos, como tampoco lo son la ubicación del público y, lo más importante, el número de participantes del debate, que es de 5 en Colombia contra 2 en Estados Unidos.

No obstante, se destacan algunos usos y apropiamiento del espacio.

Para este ejercicio ‘libre’, tomamos el comportamiento de cada candidato únicamente durante el primer segmento del debate, nombrado por los organizadores como ‘Usted no sabe quién soy yo’, que pretendía que cada aspirante se presentara e hiciera un resumen de sus antecedentes como políticos.

Como es natural, hay que tener en cuenta que en este punto los candidatos estaban hasta ahora ‘calentando motores’, pues a lo largo del encuentro todos se fueron tomando confianza, algunos más que otros, hasta donde su personalidad y sus cualidades oratorias lo permitían.

En orden de presentación, esta es una descripción general del manejo que cada uno hizo del espacio que le dieron, basados, de nuevo, en las observaciones sobre el uso del territorio:

El primero en hablar fue Iván Duque que, al igual que en el primer debate, mostró un gran dominio en cuanto al manejo del escenario se refiere. A pesar de que no se movió mucho, sí dirigió la mirada a todos los puntos del recinto -como también se ha visto en otras intervenciones que ha hecho en su partido-. Además, transmite un aire, más que de seguridad, de confianza y desenvoltura en esa posición.

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El segundo fue Germán Vargas Lleras que, a diferencia de Duque, se mostró mucho más retraído,ya que en su presentación optó por no separarse del atrio que le facilitaron -algo que se mantuvo en casi todo el debate- e hizo movimientos que no afectaron mucho su posicionamiento. Intentó hacer contacto visualmente con el público, aunque parecía tener 2 puntos fijos en el auditorio, a los cuales miraba mientras se presentaba.

Luego habló el candidato Sergio Fajardo, que transmitió aún más confianza, no solo por su verbo fácil, sino también por su atuendo descomplicado. Fajardo no se movió mucho en la tarima principal pero, tal vez por su profesión docente -que recordó en su intervención- se comunicó muy bien con los asistentes. Una de las cosas que más llamó la atención fue su uso de las manos que, para muchos, resulta excesivo, ya que repitió muchos gestos de los que ya había abusado en su primer debate, el de Teleantioquia.

Después tomó la palabra Gustavo Petro, que suele mostrar una buena capacidad oratoria, pero que se diferenció de los demás en 2 cosas: primero, que mostró mucha seriedad; y segundo, que tuvo una movilidad mucho mayor en el escenario con respecto a sus contendores, cosa que le ayudó a proyectarse mejor y dominar bien el auditorio. Como dato curioso, vale la pena mencionar la manilla en forma de cruz que colgaba de su mano derecha.

Finalmente intervino Humberto de la Calle que, respetando opiniones distintas, fue el más jovial de todos, al usar una entonación bastante llamativa (invita a ser escuchado) y al tener una movilidad en sus manos mucho más expresiva que la que usaron los demás candidatos. Se mantuvo estático en el escenario, como la mayoría de los invitados, aunque su contacto visual con todo el público no fue muy claro.

Con estos detalles, que no terminarán con este debate, parece claro que los debates presidenciales no solo servirán para evaluar las propuestas de los candidatos más opcionados a ocupar la Casa de Nariño, sino también para hacer una observación muy detallada de sus gestos, expresiones y demás gestos. Tal vez eso pese tanto o más, para muchos, que las mismas propuestas.