(Vea al final el video con el análisis de los debates)

Ese carácter se lo dieron los propios candidatos presidenciales, que confrontaron a sus adversarios, lo que a los ojos de los defensores del formato tradicional (el de la concesión de turnos para exposiciones) era entrar en el terreno de los agravios y la polarización. Y eso marca un contraste agudo con lo que pasó en el de Teleantioquia y Semana.

El primero que rompió el modelo de lo políticamente correcto fue Gustavo Petro, quien, al responder una pregunta sobre su estrategia contra la corrupción, aprovechó para hacer ataques al uribismo, y a los partidos y nombres vinculados a las maquinarias electorales (tradicionales, que representan Humberto de la Calle –el Liberal- y Germán Vargas Lleras).

Petro recordó cómo había denunciado, como congresista, los nexos entre la clase política y el paramilitarismo, los falsos positivos y las interceptaciones telefónicas, señalando la responsabilidad de los gobiernos de Álvaro Uribe. “(…) Hay falsedad cuando se habla de la corrupción y se pertenece a partidos que son verdaderas asociaciones para delinquir. Se habla hipócritamente de la corrupción cuando al mismo tiempo se acepta el apoyo de congresistas que han comprado votos en los territorios del Caribe o de Colombia”, dijo Petro.

Ese fue el detonante para que los otros candidatos no solo respondieran sino pasaran a la ofensiva en otros temas, en especial, sin ser el único, en el segmento donde se formulaban preguntas entre sí.

Un ejemplo de esto es el intercambio de opiniones duras entre Iván Duque y Humberto De la Calle, iniciadas por el tuteo sarcástico, paternalista, condescendiente, de este último.

“Bueno, mi estimado Iván, hombre, ja, ja, ja. Yo quiero hacer una pregunta suave, sin ánimo polémico: ¿Por qué no me defines cuál es la idea que tú tienes de los derechos de las personas? Por ejemplo, ¿tú realmente quieres acabar con la Corte Constitucional?”, dijo De la Calle.

“No nos vuelvas a engañar, querido Humberto”, le increpó Duque sobre las promesas de su interlocutor cuando estaba en la mesa de negociación de La Habana de que no habría impunidad para las Farc, pues no se cumplió que las Farc no participaran en política de inmediato, e incluso ya tienen representantes en el Congreso.

De la Calle no se aguantó las ganas de revirarle, incluso por fuera del tiempo para la “contrarréplica”, y le gritó: “Por culpa de tu partido, que impidió que funcionara la jurisdicción”.

Otras frases en la que se notó la confrontación entre los candidatos fueron:

“Usted siempre ha tenido doble rasero, yo no”. Duque a Petro, hablando sobre justicia transicional.

“Humberto, tú a veces tienes mala memoria”. Duque a De la Calle.

“Usted mantuvo el silencio cuando estábamos enfrentando muchos procesos difíciles del país”. Duque a Vargas Lleras, sobre el proceso de paz con las Farc.

Y hay más.

Eso no ocurrió en el debate de Teleantioquia y la revista Semana, donde los candidatos fueron políticamente correctos, tanto que al final del debate el moderador Rodrigo Pardo exaltó los resultados.

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“Había alguna prevención, que estamos en un clima político muy polarizado, que no se puede hablar. Hemos demostrado que se pueden exponer las diferencias, que se pueden plantear puntos de vista distintos sin necesidad de agravios, con mucha altura”, dijo Pardo, quien a pesar de ser uno de los periodistas más ilustrados terminó en un modelo que puede ser descrito con una sola palabra: ¡aburrido!

La diferencia con el de Telecaribe y El Heraldo es que los de este último debate no hicieron gala de ilustración alguna. A esta altura es lícito preguntar: ¿cuál es papel de los moderadores?

Además de adjudicar la palabra, deberían confrontar las afirmaciones de los candidatos, estar a la caza de contradicciones, coincidencias, mentiras. Propiciar la confrontración de las ideas de los candidatos. Sintetizar y traducir el discurso elevado a la audiencia.

Uno de los beneficiados con el ambiente de confrontación verbal a la que tanto se teme fue Iván Duque, que en el de Teleantioquia y Semana fue acusado de estar ‘formateado’, recitando propuestas, con el mismo modelo de enumeración, el 1, 2, 3 de Adriana Tono, y mirada fija a la cámara.

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Al tener que improvisar para responder lo que no había memorizado lució más espontáneo. Lo mismo vale para los demás candidatos.

Otro elemento que marcó diferencia, y que seguramente será tema de análisis de expertos, es que los candidatos se salieron, literalmente, del atril, caminaron por el escenario, lo que les dio más naturalidad.

Sobre el manejo del tiempo, el candidato que más se beneficia del formato es Gustavo Petro, que tradicionalmente es disperso y evasivo (hace unos días gastó más de 5 minutos haciendo rodeos a Yolanda Ruiz en RCN para responderle con un ‘sí’ o un ‘no’ si iba a respectar la llamada ‘regla fiscal’). Por alguna razón, que puede ser su manejo de Twitter, es capaz de comprimir y entregar lo fundamental.

(Vea también: ¿Por qué dicen que Duque lució ‘formateado’ en el debate de Semana y Teleantioquia?)

Vargas Lleras es al que el manejo del tiempo le pega más duro: casi siempre queda con el discurso cortado. Vea a continuación el análisis de los 2 debates, desde el punto de vista de la expresión verbal y no verbal, y su estructura.

En este video, el análisis comparativo de los debates.