¿La doble moral de los colombianos se acentuó con la “viveza” de Falcao?

El Espectador pregunta si tal vez en el país ya no importa romper las reglas cuando nos beneficia o cuando se justifica hacerlo.

Falcao García y Paolo Guerrero
Falcao García y Paolo Guerrero| Getty Images

[Al final de esta nota podrá responder a una de las preguntas del cuestionario ético colombiano]

El ‘pacto de Lima’ entre Perú y Colombia, denunciado ante la Fifa por un colectivo de abogados chilenos,  debería  provocar una reflexión sincera acerca de la escala de valores que emplean los colombianos para diferenciar lo que está bien de lo que no.

No puede hablarse de construir un país honesto si estamos dispuestos a transar con las reglas cuando nos conviene”, destacó El Espectador este domingo al calificar el episodio de Falcao como una “viveza” que podría acarrear una sanción de la Fifa.

El artículo continúa abajo

El editorial de este domingo plantea varios interrogantes sobre cómo funciona la ética del colombiano en un país en el que todos los días se descubren nuevos hechos de corrupción.

“¿Se puede hablar de rechazar la corrupción y, al mismo tiempo, celebrar la “viveza” que demostraron los jugadores de los dos seleccionados?”.

Y añade:

“¿No es esa una lógica similar a la de que “el vivo vive del bobo”, tan común para justificar los actos pequeños y grandes de corrupción que tanto daño le han hecho al país? ¿Acaso el que ese tipo de pactos sean comunes en la historia del fútbol los convierte en legítimos? ¿Nos parecía mal cuando Argentina y Uruguay nos afectaban con algo similar, pero ahora no decimos nada? ¿Puede decirse que es una actitud que debería promoverse entre todas las personas que observan a los deportistas como modelos a seguir?”.

Y enseguida agrega:

“¿Qué dice, por cierto, la actitud de Falcao, en representación de todo el equipo colombiano, al final del partido? ¿Que no nos importa romper las reglas cuando nos beneficia, o que no creemos que estamos rompiendo las reglas? ¿Que torcer el reglamento en casos “inocentes” está justificado? ¿Dónde, entonces, trazamos la línea de lo apropiado y lo reprochable?”

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