'Ascender' a la 'A' no es metafórico, es llegar a un fútbol de altura

Muchos técnicos afirman que en la 'B' se corre más, mientras en la primera división se juega más. La geografía tiene gran culpa en ello.

 
Hinchas del Deportivo Pasto asisten a un partido en el estadio Libertad.
Gabriel Aponte/LatinContent/Getty Images

Nueve de los 20 equipos de la Liga Águila juegan a más de 2.150 metros sobre el nivel del mar (m.s.n.m.), en ‘tierra fría’, donde suelen sufrir los jugadores y equipos acostumbrados a las costas, al llano y a la humedad.

Con cuatro equipos ubicados en en Bogotá, dos en Tunja, y uno en Pasto, Manizales y Rionegro, el promedio de la ‘A’ es de 2.156 m.s.n.m. y el 40 % de los partidos se juega a una altitud superior.

De hecho, solo cuatro equipos son locales en ciudades por debajo de los 950 m.s.n.m.: Atlético Huila (Neiva), Alianza Petrolera (Barrancabermeja), Atlético Junior (Barranquilla) y Jaguares (Montería).

A mayor altitud, la presión atmosférica disminuye y el ingreso de oxígeno a los pulmones y el cerebro disminuye, como bien explicó el médico deportólogo Milton Mazza a Referí. Esto se refleja en equipos con mayor capacidad aeróbica, más dados a la dosificación de la energía, y con una leve ventaja sobre aquellos que no están acostumbrados.

Así mismo, los equipos de altura se estrellan cuando ‘bajan’ al llano. Por ejemplo, en los últimos 14 años, Millonarios solo ha podido derrotar una vez al Atlético Huila en Neiva.

La ‘B’, un torneo de playas y altas temperaturas

En el torneo de segunda división, el 75 % de los partidos se disputan por debajo de los 1.050 m.s.n.m., en canchas con temperaturas cercanas a los 30ºc.

Predominan las ciudades del Caribe colombiano, como Turbo, Cartagena, Barranquilla, Valledupar y Ciénaga (o Santa Marta y Riohacha, cuando Unión Magdalena lo dispone). Sincelejo y Montería también han sido sedes en años recientes.

En esas ciudades —y en otras como Cúcuta y Villavicencio—, las condiciones atmosféricas complican bastante a los jugadores de altura, como explicaba hace algunos meses el el preparador físico argentino de la selección de Bolivia, Alejandro Nordio, a La Nación:

Debido a la humedad a la que no están acostumbrados, el jugador que baja al llano normalmente retiene líquidos, sufre deshidratación y se siente incómodo por el vapor que sale de la cancha. A lo mejor a algunos se le hinchan los pies y por esas situaciones terminan sufriendo también”.

En este torneo, donde además los jugadores son más jóvenes, se privilegia la velocidad, el trabajo físico, sacrificando un poco lo técnico y lo táctico, dato no menor y que se refleja en la corta permanencia de algunos equipos del llano y la costa en primera división.

Por eso, el ascenso necesariamente implica una transformación y un cambio en la preparación física de cualquier equipo que llegue a la primera división y pretenda mantenese en un fútbol de altura.

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